La Curva de Adopción de las Innovaciones, introducida por Everett Rogers en 1962, muestra cómo diferentes grupos de personas adoptan una nueva idea (o tecnología) a lo largo del tiempo, lo que permite a los innovadores y a las empresas comprender mejor cómo dirigirse a diferentes segmentos de mercado en función de su disposición para adoptar innovaciones.
Lógicamente, estarás pensando que el modelo puede ser de gran utilidad a la hora de diseñar y ejecutar acciones de comunicación innovadoras y disruptivas, superando los modelos tipo embudo (o funnel) heredados del marketing. ¡Y estás en lo cierto!
Qué distinto resulta, por ejemplo, del clásico método “AIDA” (Atención, Interés, Deseo y Acción) introducido en 1898 por Elias St. Elmo Lewis. Claro, si bien en aquella época pudo haber sido revolucionario, hoy parece difícil de defender debido a su extrema simplicidad, linealidad y falta de adaptación a la complejidad del volátil y cambiante mundo actual.
Pero además porque la comunicación organizacional no es marketing. Por el contrario, la comunicación interna en una organización debe centrarse en el enrolamiento, más que en una relación transaccional de venta.
Más bien se trata de satisfacer las necesidades de las personas, construir confianza y conectar emocionalmente, en lugar de simplemente intentar venderles algo. Este enfoque promueve el aumento progresivo y sostenible de la participación activa, entendiendo por esto la colaboración consciente y voluntaria de los colaboradores en la transformación de la organización.
Y al igual que la gran mayoría de las técnicas, herramientas y prácticas que hemos compartido, la curva sirve primero que nada para medir nuestra propia actitud frente a la experimentación y las innovaciones en general.
Por ejemplo, si hablamos de llevar la agilidad a tu equipo, tu área u organización ¿en qué sector de la curva te ubicarías tú? ¿Y a tu equipo? ¿Por qué? ¿Sientes que se mantiene aquello que provocativamente dijimos antes en cuanto a la necesidad de tener “certezas” antes de animarte a probar y experimentar cosas nuevas? Cuando alguien trae al equipo una propuesta disruptiva, ¿cuál suele ser tu reacción y la de tus compañeros?
Precisamente, bajo la genuina expectativa de que se animen a saltar el “abismo” (Moore, 2014) que detiene y paraliza a la mayoría temprana que necesita “ver para creer” y se transformen en verdaderos early adopters, presentaremos a continuación los Principios del Manifiesto de la Comunicación Ágil.
A diferencia de aplicar una receta “probada”, el hecho de seguir ciertos principios nos abre a otras posibilidades. Se trata entonces de entender que los errores configuran nuestra experiencia, tanto o más que nuestros aciertos. Esta sabiduría empírica, si bien tampoco es trasladable a otros contextos, sí es pasible de ser compartida con la humildad de quien ha recorrido con relativo éxito un camino posible, entre otros.
La Curva de la Adopción de las Innovaciones es un esquema desarrollado por Everett Rogers en su libro Difusión de Innovaciones (1962), este modelo describe cómo se propaga una nueva idea, producto o tecnología en una población o grupo social a lo largo del tiempo.
Los 5 segmentos
El esquema se divide en cinco categorías de adoptantes, cada una con su propia actitud hacia la innovación y su momento de adopción. Estas categorías son:
Innovadores (innovators): Son el primer grupo en adoptar la innovación. Suelen representar alrededor del 2,5% de la población total. Los innovadores son personas dispuestas a asumir riesgos, probar cosas nuevas y experimentar con tecnologías o ideas antes que nadie.
Adoptantes tempranos (early adopters): Constituyen aproximadamente el 13,5% de la población. Los adoptantes tempranos son individuos que están dispuestos a adoptar una innovación después de que los innovadores hayan demostrado su viabilidad. A menudo son líderes de opinión en sus comunidades y pueden influir en otros para que adopten la innovación.
Mayoría temprana (early majority): Representan alrededor del 34% de la población. Este grupo tiende a adoptar la innovación antes que la mayoría, pero después de los innovadores y los adoptantes tempranos. Suelen ser personas que están dispuestas a esperar a que una nueva idea se haya probado y aceptado antes de adoptarla.
Mayoría tardía (late majority): Constituyen alrededor del 34% de la población. Los adoptantes en esta categoría son escépticos en cuanto a las innovaciones y tienden a adoptarlas después de que la mayoría ya lo haya hecho. Suelen ser personas que prefieren quedarse con las tecnologías o prácticas tradicionales hasta que estén seguras de que la innovación es efectiva.
Rezagados (laggards): Son el último grupo en adoptar la innovación, representando aproximadamente el 16% de la población. Los rezagados son tradicionalistas y suelen resistirse al cambio. Adoptan la innovación sólo cuando no tienen otra opción.
Impacto en la planificación de nuestras campañas y eventos
Entonces, esta curva de adopción de las innovaciones nos brinda una oportunidad única para entender cómo las ideas innovadoras encuentran su camino dentro de una organización. Desde esta perspectiva, no se trata únicamente de introducir una nueva tecnología o proceso, sino de conectar de manera auténtica con cada grupo de personas, entendiendo su disposición y ritmo natural para aceptar el cambio.
Por ejemplo, una estrategia comunicacional que busque fomentar la transformación digital dentro de una empresa podría tener un mayor impacto si primero se enfoca en identificar y motivar a los adoptantes tempranos, quienes, al ser influenciadores y líderes de opinión en sus equipos, pueden ayudar a inspirar confianza en la mayoría temprana y tardía, allanando el camino para una adopción más fluida.
Imaginemos ahora cómo se puede aplicar este enfoque al introducir un nuevo marco de trabajo ágil en una organización. Los innovadores y adoptantes tempranos serán probablemente los primeros en mostrarse entusiastas frente al cambio, quizás con el deseo de experimentar y adaptarse rápidamente a las metodologías ágiles. Sin embargo, para la mayoría temprana y tardía, el proceso será distinto. Este grupo podría necesitar pruebas claras de los beneficios de la metodología, ejemplos de resultados exitosos o incluso espacios de discusión para expresar sus inquietudes. En este sentido, un enfoque gradual y adaptado a cada perfil de adoptante puede hacer la diferencia entre una adopción impuesta y una integración genuina.
Esta curva también revela algo fundamental: no es suficiente con simplemente lanzar una iniciativa y esperar que toda la organización la acepte de inmediato. La adopción de innovaciones requiere una comunicación continua, empática y diseñada para cada perfil. Es necesario crear espacios para escuchar, recoger feedback, ajustar y, en muchos casos, repetir los mensajes en diferentes formatos y canales. Este esfuerzo refleja un proceso de enrolamiento que trasciende la mera información y se enfoca en construir una narrativa compartida de cambio, donde cada miembro se siente protagonista y no solo un mero receptor de «instrucciones».
Por último, la curva de Rogers nos recuerda que el éxito de una innovación no se mide únicamente en términos de cuántas personas la han adoptado, sino en cómo la han hecho suya. Así, toda transformación organizacional ocurre cuando las personas integran nuevas ideas y prácticas en sus rutinas diarias y las reconocen como propias.
Al guiarse por esta curva y sus perfiles, los comunicadores y líderes pueden facilitar una adopción más consciente y sostenible, asegurando que el cambio sea no solo bien recibido, sino también valorado y cultivado a largo plazo.
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