Corazón de Kintsugi: una historia (real) de resiliencia ✨🏺🖤

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Me echaron. Y casi fue el fin del mundo para mí. 😱

Había trabajado más de cuatro años en esa organización.

Empecé como pasante en el Departamento de Comunicaciones y, al cabo de un año, conocía perfectamente el trabajo de cada uno de los integrantes del sector.

Llegaba temprano -o al menos eso intentaba- para no perder el bendito «premio por presentismo», que casi nunca pude cobrar porque vivía muy lejos de la ciudad. 😅

Para llegar al laburo (a la pega, la chamba, el curro) tomaba un colectivo, un tren y otro colectivo. Todo eso de ida y de vuelta, cada día. 🚍🚆

Durante años aporté al equipo y ayudé a mejorar muchos procesos internos. Fui además (creo) un buen compañero. Quince años después, aún conservo grandes amigos de aquel, mi primer trabajo. 💞

Un día cometí un error, al enviar un mail a la lista de correos equivocada. 📧 🤦🏻

La Jefa -a quien no le caía bien ya que yo era «herencia» de una gestión anterior- hizo que me echaran. ❌

El telegrama de despido llegaría un sábado. Sábado que cambiaría mi vida para siempre, a la larga, para mejor. Sin embargo, en ese momento fue una patada en la cara. Con dos hijos pequeños, una hipoteca y muchas deudas… las cosas se empezarían a poner resbalosas en casa. 👶🏠💸

Luego vendrían varios meses de una errática búsqueda laboral, deprimido y golpeado por lo que era a todas luces una injusticia. Para colmo la situación no estaba nada fácil en la Argentina por aquellos años. 🔍🇦🇷

Finalmente, en una entrevista dije la verdad: «Me echaron por enviar mal un mail».

¡Y me contraron!

Recuerdo las palabras exactas: quedate tranquilo, que acá si te rajamos no va a ser por mandar mal un mail, no hacemos esas cosas.

Y así fue cómo, al hacerme cargo de mi grieta, de mi historia (que por primera vez cuento al mundo) alguien confió en mí, conseguí trabajo y me puse nuevamente de pie! 💪

🏆 En mi nuevo empleo elegí continuar honrando mi historia, dejándolo siempre todo en la cancha. Era una muy buena posición, no tanto quizá por el sueldo al principio, sino por todo lo que había por hacer en Comunicación en aquella genial empresa de ingenieros, más acostumbrados a desarrollar tecnología a la sombra del secretismo, que gritarlo a los cuatro vientos. 🛠️ 📢 🛰️

Cae el telón: fin de un capítulo (real) de mi vida. 🎭


Cuando vi este video de Yokoi Kenji indefectiblemente lloré. 😢

Resueno con el Kintsugi, aquel arte japonés de reparar cerámica rota con resina espolvoreada con polvo de oro. 🏺✨

En lugar de ocultar las grietas, el Kintsugi las destaca, transformando lo que una vez fue una simple pieza en algo más valioso por sus heridas. 🌟

Y, al igual que en el Kintsugi, sé de primera mano que nuestra capacidad de resiliencia nos permite reparar nuestras heridas y convertirnos en versiones más fuertes y hermosas de nosotros mismos. 🌸💪

Precisamente eso es lo que hice, no sin dolor, después del sábado fatídico. 😔

Mis desafíos más difíciles, como perder ese trabajo, me han enseñado a abrazar mis cicatrices y a verlas como parte esencial de mi historia y de mi crecimiento. 📈🌱

Ojo, en aquel momento no fue algo inmediato ni sencillo poder tener la perspectiva suficiente para lograrlo. Pasé largos meses cambiando pañales y buscando empleo, mientras mi compañera de vida iba todos los días a trabajar. 👀

Además, la resiliencia no es un simple recuperarse, no. Es hacerlo con la sabiduría de las lecciones aprendidas y con la capacidad de ver la belleza en nuestras propias imperfecciones.

Cada herida, cada error, cada cicatriz y cada fracaso son oportunidades para aprender, crecer y transformarnos. 🌟📚🔄

Bueno, ahora te paso la pelota: ¿Cómo honras tus heridas? 🤔

Te dejo por acá algunas preguntas poderosas para trabajar:

1. ¿Cómo transformas tus errores en oportunidades de aprendizaje? 🤔

2. ¿Qué cicatrices personales puedes resaltar con oro para mostrar tu fortaleza y crecimiento? 🌟

3. ¿Te permites ser vulnerable en tu liderazgo y fomentas la resiliencia en tu equipo? 🤝

4. ¿En qué áreas de tu vida puedes aplicar el arte del Kintsugi para sanar y crecer? 🌿

¡Espero que estas preguntas te inspiren a reflexionar y a encontrar la belleza en tus propias experiencias y desafíos! 💪✨

Recuerda, cada grieta es una oportunidad para brillar con aún más fuerza. La resiliencia no se trata solo de resistir, sino de transformarse y crecer. 💡

¡Comparte tu historia de resiliencia en los comentarios! Me encantaría leerte y aprender de tus experiencias. ✍️😊

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Corazón de Kintsugi: una historia (real) de resiliencia ✨🏺🖤

¿Cómo honras tus heridas? Esta es una de las preguntas poderosas que el autor de este inspirador texto nos invita a considerar. A través de su propia historia de resiliencia, compartida con honestidad y vulnerabilidad, nos enseña cómo transformar errores en oportunidades de aprendizaje y ver en las cicatrices las claves de nuestro crecimiento personal. Así, al igual que en el arte del Kintsugi, que repara la cerámica rota con oro para resaltar las grietas, la resiliencia nos permite convertirnos en versiones más fuertes y bellas de nosotros mismos. Si quieres aprender más sobre liderazgo ágil y transformación personal, ¡sigue leyendo!

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